Anubis

viernes, 30 de marzo de 2007

$>Trampas del vietcong

Si pisabas un "revientadedos", una bala te volaba el pie o la cabeza; si tenías la desgracia de caer en una trampa "Punji", una estaca de bambú te atravesaba la bota y su contenido. Cada centimetro de tierra en Vietnam podía matar o mutilar.

La de Vietnam fue una guerra muy sucia, y el de las trampas fue uno de sus aspectos peores. A mí me ponían malo. La sola idea de que mi pierna fuese atravesada por una estaca untada de excrementos y que se me gangrenara me atormentaba frecuentemente mientras marchábamos por las zonas rurales. Era extremadamente precavido y prestaba atención a las nuevas trampas que surgían en los caminos. También fui muy vengativo y coloqué tantas trampas para el Vietcong como pude.

Este tipo de trampas no era ciertamente una novedad de la guerra de Vietnam. De hecho, las más temidas, como las estacas "punji", se habían utilizado en la Segunda Guerra Mundial contra los japoneses. Es ingenuo suponer que, por utilizar tales argucias, el VC no estaba jugando limpio. La guerra de guerrillas no se ciñe a reglas específicas excepto las reseñadas por el presidente Mao en "La Guerra Prolongada" y por ello es tan eficaz. Teníamos que aprender a ser precavidos. Después de todo, la guerra es un asunto muy peligroso.

El miedo es la primera consecuencia de una campaña de trampas. La imagen de una mancha de sangre donde había reventado el pie de un compañero, o de su torso acribillado por los pinchos de un latigazo de bambú, deshacía la moral de las tropas norteamericanas. Pero ello también ofrecía al VC ventajas adicionales. Aumentaba la probabilidad de que los soldados norteamericanos cometieran atrocidades. Un muchacho de 18 años que ha visto volar la pierna de su compañero es muy probable que se cargue a un campesino que no ha conseguido indicar a su patrulla dónde están las trampas enemigas. Y cualquier atrocidad de los norteamericanos ganaba más campesinos para el bando del VC, que obtenía así una victoria política y propagandística.

Personalmente, admito haber utilizado a quienes creía simpatizantes del Vietcong como detectores humanos de trampas. No tenía remordimientos por ello, y sigo sin tenerlos. Para mí, mis hombres eran más valiosos que aquellos aldeanos que, fuesen o no del VC, sabían donde estaban las trampas.

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La más simple de las tretas del VC solía ser la más eficaz. Utilizaban con profusión las trampas que consistían únicamente en una granada con un alambre. Normalmente las colocaban en medio de los senderos. Para no tropezar con ellas, evitábamos los senderos y andábamos de forma cautelosa. Ante el más ligero tirón en nuestra pierna o pie, nos quedábamos rígidos. No obstante, fue el mal funcionamiento de las granadas del VC lo que salvó la vida a tantos norteamericanos. Todavía hay por ahí muchos que tiraron del alambre de una granada y ésta no estalló.


También se ponían granadas en las puertas. Se enterraba la granada a poca profundidad y se fijaba un corto alambre al fondo de la puerta. El más ligero movimiento de ésta detonaba la granada bajo los pies de la víctima.

Eran especialmente temibles las granadas colocadas en arcos de bambú sobre los senderos, con el alambre fijado al suelo. La expansión de la metralla causaba heridas en la cabeza y desfiguraba el rostro. Por suerte, este tipo de trampa era bastante fácil de localizar, al menos de día. Pero de noche era mortal. Con frecuencia, los del Vietcong quitaban el alambre durante el día para que ellos y los campesinos pudieran moverse por el sendero con toda libertad. De noche, volvían y fijaban de nuevo los alambres.

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Tags: vietnam trampas guerra

Publicado por lait3r @ 16:32 | 0 Comentarios | Enviar