En la madrugada del 22 de junio de 1941, comenzó el que ha sido el asalto más masivo de la Historia. Por parte de la Luftwaffe el ataque esa madrugada no fue muy numeroso, debido a las dificultades que suponía un ataque nocturno de grandes proporciones. Una fuerza de tan solo 30 Heinkel 111, Junkers 88 y Dornier 172, cruzaron la frontera en la oscuridad, volando a gran altura. Luego en grupos de tres atacarían 10 campos de aviación soviéticos avanzados, entre Bialistok y Lvov, la mayoría situados en el territorio polaco ocupado por Rusia en 1939.
Los Rusos fueron tomados totalmente por sorpresa. Muchas de las tripulaciones estaban de permiso de fin de semana y los que quedaban en las bases simplemente dormían. Los aviones estaban estacionados ala con ala en impecable formación.
En vuelo bajo, los atacantes lanzaron cientos de bombas de fragmentación SD-2 de 2 kilos. Los fragmentos incandescentes rasgaban los fuselajes y perforaban los depósitos de combustible que se vaciaban e incendiaban creando mares de llamas que se extendían de avión en avión. Después de la primera pasada, vino una segunda para ametrallar con puntería letal gracias a la luz de las hogueras que se habían formado.
Los invasores volvieron hacia el oeste. Cerca de Rovno, al sur de los pantanos de Pripet, al ver sus aviones destrozados un comandante del Aire ruso rompió a llorar.
El ataque aéreo duró unos pocos minutos. Simultáneamente a lo largo de los 3200 km de la frontera desde el Báltico hasta el mar Negro, unas 6000 piezas de artillería bombardearon el territorio ruso, mientras unos 1500 tanques y más de 3.800.000 soldados alemanes se dirigieron hacia su destino en el este.
La principal fuerza de la Luftwaffe atacaría al amanecer con 500 bombarderos de gran altitud, 270 bombarderos en picado y 480 cazas. Aunque la Fuerza Aérea Roja era por entonces la más numerosa del mundo, con unas 7500 unidades en los distritos occidentales y otras 4000 o 5000 más en el interior y Lejano Oriente, estas estaban obsoletas. Por ejemplo en algunos aviones soviéticos el visor de la ametralladora consistía en un círculo pintado a mano en el parabrisas. Nada podrían hacer contra la moderna y experimentada flota de la Luftwaffe.
Incluso después de las primeras incursiones la Fuerza Aérea Soviética permanecía inerte. Los alemanes sembraron el desorden y la destrucción en 66 campos de aviación a lo largo de toda la frontera, con el coste simbólico de dos Messerschmitt ligeramente dañados por el fuego antiaéreo.
No fue hasta las 7:15 de la mañana cuando Stalin permitió al Comisario de Defensa Semion Timoshenko que diese la orden a la Fuerza Aérea Roja que se pusiese a la ofensiva y
" destruyera los aparatos enemigos con poderosos golpes ". Para entonces viendo lo que había quedado de la fuerza aérea más numerosa del mundo, la orden era trágica, por absurda.

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